Vaillant llegó a la conclusión de que el envejecimiento temprano (definido como declinación física irreversible) se retardaba en la buena salud mental y se aceleraba con la mala salud mental. Los años más formativos para establecer estas conclusiones, según descubrió, eran los comprendidos entre los 2l y los 46, porque ese es el periodo en que una persona suele establecer una segunda sensación del y, pese a los traumas infantiles más terribles, o fracasar en ese intento. Una vez que se planta la semilla, los resultados de la salud mental se presentan físicamente durante la cincuentena. Esa última parte de la edad madura es la peligrosa década que solemos llamar < la zona de peligro, porque es entonces cuando aparecen en gran número los ataques cardiacos prematuros, la hipertensión descontrolada y muchos tipos de cáncer. Para expresarlo en términos más generales, Vaillant descubrió que el proceso de envejecimiento es algo aprendido. Las personas que tienen buena salud mental enseñan a sus cuerpos a envejecer bien, las personas deprimidas inseguras e infelices enseñan a sus cuerpos a envejecer mal. Aunque Vaillant observó que solía haber mayor estrés en la vida de quienes contraían enfermedades crónicas y morían jóvenes, tuvo la inteligencia de comprender que no es estrés lo que enferma a la gente sino el renunciar a la adaptabilidad interior ante el estrés. La mayor amenaza contra la vida y la salud es no tener por qué vivir. La depresión es causa del envejecimiento prematuro.
sábado, 31 de octubre de 2015
jueves, 29 de octubre de 2015
RIMAS Y LEYENDAS – Gustavo Adolfo Bécquer- (Maese Pérez el Organista).
La priora fue a ocupar su sillón en el coro en medio de la comunidad. La hija de Maese Pérez abrió con mano temblorosa la puerta de la tribuna para sentarse en el banquillo del órgano, y comenzó la misa .
Comenzó la misa y prosiguió sin que ocurriese nada de notable hasta que llegó la consagración. En aquel momento sonó el órgano, y al mismo tiempo que el órgano un grito de la hija de maese Pérez…
La superiora, las monjas y algunos de los fieles corrieron a la tribuna.! Miradle !!Miradle!- decía la joven fijando sus desencajados ojos en el banquillo, de donde se había levantado asombrada para agarrarse con sus manos convulsas al barandal de la tribuna.
Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto. El órgano estaba solo y, no obstante, el órgano seguía sonando… sonando como solo los arcángeles podrían imitarlo en sus raptos de místico alborozo.
¿ No os lo dije yo una y mil veces, mi señora doña Baltasara, no os lo dije yo?... ¡ Aquí hay busilis…! Oidlo, que , ¿ no estuvisteis anoche en la misa del Gallo? Pero en fin ya sabréis lo que pasó. En toda Sevilla no se habla de otra cosa… El señor arzobispo está hecho, y con razón, una furia…Haber dejado de asistir a Santa Inés; no haber podido presenciar el portento.
miércoles, 28 de octubre de 2015
KHALIL GIBRAN- (La entrada al santuario).
¿Acaso mi espíritu y el de Selma se tocaron aquel día en que nos conocimos, y aquel anhelo de llegar hasta ella hizo que la considerara la más hermosa mujer bajo el sol? ¿O acaso estaba yo intoxicado con el vino de la juventud, que me hacia imaginar lo que nunca existió?
¿Acaso mi juventud cegó mis ojos naturales y me hizo imaginar el brillo de sus ojos, la dulzura de su baca y la agracia de todo su cuerpo?¿ O acaso fueron ese brillo, esa gracia y esa dulzura, los que abrieron mis ojos y me mostraron la felicidad y la tristeza del amor?
Difícil es dar respuestas a estas preguntas, pero puedo decir sinceramente que en aquella hora sentí una emoción que nunca había tenido; un nuevo cariño que posaba calmadamente en mi corazón, como el espíritu que vagaba sobre las aguas en el momento de la creación del mundo, y también puedo decir que de ese cariño nacieron mi felicidad y mi tristeza. Así terminó la hora de mi primer encuentro con Selma y asi quiso el cielo libertarme de las cadenas de mi solitaria juventud, para permitirme caminar en la procesión del amor.
El amor es la única libertad que existe en el mundo porque eleva tanto al espíritu, que las leyes de la humanidad y los fenómenos naturales no alteran su curso.
Al levantarme de mi asiento para marcharme. Farris Efendi se acercó a mi y me dijo serenamente: Ahora hijo mio, ya conoces el camino a estas casa, y debes venir a menudo y sentir que acudes a la casa de tu padre. Considérame tu padre y a Selma, tu hermana>> al decir esto, el anciano se volvió hacia Selma, como si lee pidiera que confirmara aquella declaración. La joven movió la cabeza en señal de asentimiento y me miró como quien vuelve a ver a una persona que se conoce desde hace mucho. Aquellas palabras que pronunció Farris Efendi me colocaron al lado de su hija, en el altar del amor. Fueron palabras de un canto celestial que terminó tristemente, aunque había empezado en la más viva exaltación; elevaron nuestros espíritus al reino de la luz y de la trémula llama; fueron la copa de la que al mismo tiempo bebieron la felicidad y la amargura.
Salí de aquella casa. El anciano me acompañó hasta el borde del jardín, mientras mi corazón se agitiaba como los labios temblorosos de un hombre sediento.
martes, 27 de octubre de 2015
KHALIL GIBRAN (Alas rotas) – Callada tristeza.
Vecinos mios, vosotros recordais con placer la aurora de vuestra juventud y lamentais que haya pasado; pero yo recuerda los barrotes y los grilletyes de su cárcel. Vosotros hablais de aquellos años entre la infancia y la juventud como una época de oro, libre de confinamientos y de cuidados, pero aquellos años yo los considero una época de callada tristeza quue caiia como una semilla en mi corazón, y c recia en el mundo del conocimiento y la sabiduría, hasta que llegó el amor y abrió las puertas de mi corazón e iluminó sus recintos.
El amor me dio lenguas y lágrimas. Seguramente recordais los jardines y los huertos, las plazas públicas y las esquinas que presenciaron vuestros juegos y oyeron vuestros inocentes cuchicheos; yo también recuerdo hermosos parajes del norte del Libano. Cada vez que cierro los ojos veo aquellos valles, llenos de magia y dignidad, cuyas montañas, cubiertas de gloria y grandeza, trataban de alcanzar el cielo. Cada vez que cierro mis oídos al clamor de la ciudad, oigo el murmullo de aquellos riachuelos y el crujido de aquellas ramas. Todas esas bellezas a las que me refiero ahora, y que ansío volver a ver, como niño que ansia ver los pechos de su madre, hirieron mi espíritu, prisionero en la oscuridad de la juventud como el halcón que sufre en la jaula al ver una bandada de pájaros que vuela libremente por el anchuroso cielo.
jueves, 22 de octubre de 2015
CERVANTES – Don Quijote de la Mancha capítulo XXX
No estaba tan maltrecho Sancho, que no oyera todo cuanto su amo le decía, y levantándose con un poco de presteza, se fue a poner detrás del palafrén de Dorotea, y desde allí dijo a su amo.
Dígame señor si vuestra merced tiene determinado de no casarse con esta gran princesa, claro está que no será el reino suyo: y no siéndolo. ¿ Que mercedes me puede hacer? Esto es de lo que yo me quejo; cásese vuestra merced una por una con esta reina, ahora que la tenemos aquí como llovida del cielo, y después puede volverse con mi señora Dulcinea, que reyes debe haber habido ene el mundo que hayan sido amancebados. En lo de la hermosura no me entremeto, que, en verdad si va a decirla, que entrambas me parece bien, puesto que yo nunca he visto a la señora Dulcinea. ¿ Como que no la has visto traidor blasfemo? – dijo don Quijote- Pues no Acabas de traerme ahora un recado de su parte? Digo que no la he visto tan despacio- dijo Sancho-, que pueda haber notado particularmente su hermosura y sus buenas partes punto por punto; pero así a bulto, me parece bien.
Ahora te disculpo dijo don Quijote- , y perdóname el enojo que te he dado; que los primeros movimientos que son en manos de los hombres- Ya yo lo veo- respondió Sancho-; y así en mi la gana de hablar siempre es primero movimiento, y no puedo dejar de decir, por una vez siquiera, lo que me viene a la lengua. Con todo eso dijo don Quijote-, mira Sancho -, lo que hablas; porque martes, 20 de octubre de 2015
CERVANTES CAPITULO XXX.
– Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo.
No hubo bien acabado el cura cuando Sancho dijo;
Pues mía fe, señor licenciado, el que hizo esa fazaña fue mi amo, y no porque yo no le dije antes y le avisé que mirase lo que hacia, y que era pecado darles libertad, porque todos iban allí por grandísimos bellacos.
majadero- dijo a esta sazón don Quijote , a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenado y opresos que encuentran por los caminos van de aquella manera, o están de aquella angustia por sus culpas, o por sus gracias, solo le toca ayudarles , como menesterosos, poniendo los ojos en sus penas, y no en sus bellaquerías. Yo topé un rosario y sarta de gente mohína y desdichada, y hice con ellos lo que mi religión me pide, y lo demás allá se avenga; y a quien a mal le ha parecido, salvo la santa dignidad del señor licenciado y su honrada persona digo que sabe poco de achaque de caballería, y que miente como un hideputa y mal nacido; y esto le haré conocer con mi espada, donde más largamente le contiene.
Y esto dijo afirmándose en los estribos y calándose el morrión; porque la vacía de barbero, que a su cuenta era el yelmo de Mambrino, llevaba colgado del arzón delantero, hasta adobarla del mal tratamiento que la hicieron los galeotes.
Dorotea que era discreta y de gran donaire, como quien ya sabia el menguado humor de don Quijote t que todos hacían burla dél, sino Sancho Panza, no quiso ser para menos, y viéndole tan enojado, le dijo: Señor caballero, miémbresele a la vuestra merced el don que me tiene prometido, y que, conforme a él, no puede entremeterse en otra aventura, por urgente que sea: sosiegue vuestra merced el pecho; que si el señor licenciado supiera que por ese invicto brazo habían sido librados los galeotes, él se diera tres puntos en la boca, y aun se mordiera tres veces la lengua, antes de haber dicho palabra que era despecho de vuestra merced redundara.
miércoles, 14 de octubre de 2015
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN- Un rey de entonces.
Hallábase ya durmiendo la mona el señor alcalde, vuelta la espalda a la espalda de su mujer y formando así con esta la figura de águila austriaca de dos cabezas que dice nuestro inmortal Quevedo, cuando Toñuelo llamó a la puerta de la cámara nupcial, y avisó al señor Juan Lopez que la señá Frasquita, la del molino quería hablarle.
No tenemos para qué referir todos los gruñidos y juramentos inherentes al acto de despertar y vestirse el alcalde de monterilla y nos trasladamos desde luego al instante en que la Molinera lo vio llegar, desperezándose como un gimnasta que ejercita la musculatura, y exclamando en medio de un bostezo interminable.! Téngalas usted muy buenas, señá Frasquita. ¿ Que le trae a usted por aquí? ¿ no le dijo a usted Toñuelo que se quedase en el molino? ¿ Así desobedece usted a ala autoridad? ¡ necesito ver a mi Lucas! Respondió la navarra ¡ necesito verlo al instante! ¡ Que le digan que está aquí su mujer! ¡ necesito ¡ ¡ necesito! ¡ señora, a usted se le olvida que está hablando con el rey!
¡Déjeme usted a mi de reyes, señor Juan, que no estoy para bromas! ¡ Demasiado sabe usted lo que me sucede ¡ ¡ Demasiado sabe para qué apreso a mi marido ¡ Yo no sé nada señá Frasquita. Y en cuanto a su marido de usted, no está preso, sino durmiendo tranquilamente en esta casa, y tratado como yo trato a las personas. ¡ A ver Toñuelo! ¡ Toñuelo! Anda al pajar y dile al tio Lucas que se despierte y venga corriendo… Con que vamos… ¡ Cuénteme usted lo que pasa! ¿ Ha tenido usted miedo de dormir sola? ¡ No sea usted desvergonzado, señor Juan! Demasiado sabe usted que a mi no me gustan sus bromas ni sus veras! Lo que me pasa es una cosa muy sencilla: que usted y el corregidor han querido perderme; pero que se han llevado un solemne chasco! ¡ Yo estoy aquí sin tener de qué abochornarme, y el señor corregidor se queda en el molino muriéndose! Señora ¿sabe usted lo que se dice? Es cuenta de la Corregidora-
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