Una vez en su habitación fue a sentarse cerca de la ventana , pero en la sombra que arrojaba la pared, de modo que podía mirar al jardín con poco riesgo de ser descubierto Todo lo que tenia ante los ojos estaba en soledad. Las extrañas plantas se calentaban al sol y, de cuando en cuando, se inclinaban ligeramente saludándose entre si con un gesto de simpatía o familiaridad. En medio de ellas, en la fuente despedazada, crecía el magnifico arbusto cubierto de piedras preciosas de color púrpura. Las flores relucían en el aire y se reflejaban en el fondo del estanque que parecía desbordarse con el color u la luz de que se hallaba impregnado. Al comienzo, como hemos dicho el jardín estaba en soledad. Pronto, sin embargo-tal como Giovanni lo deseaba y lo temía, a un tiempo- apareció bajo el antiguo portal esculpido una persona , que se acercó entre las hileras de plantas, aspirando sus perfumes, como uno de esos personajes de la vieja leyenda clásica que se alimentan de olores suaves. Al ver a Beatrice, el joven se sorprendió de que su belleza fuera tan superior a la memoria que guardaba de ella; era tan brillante tan vivida, que resplandecía a la luz del sol y Giovanni murmuró para si que iluminaba los recodos más oscuros del sendero.
lunes, 29 de febrero de 2016
domingo, 28 de febrero de 2016
Natjcaniel Hawthorne- (Cuentos)
Hace mucho tiempo, un joven llamado Giovanni Guasconti vino a la parte más meridional de India a seguir estudios en la universidad de Padua. Giovani que solo llevaba en la bolsa una provisión de ducados de oro, alquiló una habitación alta y oscura en un viejo edificio, que no parecía indigno de haber sido el palacio de algún noble paduano y que, en efecto, lucia sobre la entrada el escudo de armas de una familia extinguida desde hace siglos. El joven forastero, que conocía el gran poema nacional de su país, recordó que uno de los antepasados de las familia, tal vez un residente en esta misma mansión, había sido retratado por Dante entre quienes comparten las inmortales agonías de su infierno. Estos recuerdos y asociaciones, junto con la tendencia a la melancolía, natural en un joven que se encuentra por primera vez lejos del suelo natal, hicieron que Giovanni suspirase hondamente al mirar en torno suyo al aposento triste y mal amueblado.<Virgen Santísima, señor > exclamó la vieja señora Lisaberta, quien ganaba por la singular belleza del muchacho, se afanaba bondadosamente en dar al cuarto un aire habitable. ¿Como salen esos suspiros del corazón de un joven? ¿Le parece oscura la casa? Por amor al cielo, asómese a la ventana y verá usted una luz tan hermosa como la que ha dejado en Nápoles. Guasconti hizo mecánicamente lo que le aconsejaba la señora, aun que no pudo estar de acuerdo con ella en que el sol paduano fuese tan alegre como el del sur de Italia. Bastaba sin embargo, para iluminar un jardín que había al pié de la ventana, y su influencia beneficiosa sustentaba muchas plantas, que parecían cultivadas con el mayor cuidado. <¿este jardín es de la casa?> `preguntó Giovanni. No lo quiera Dios, señor, a menos que crezcan en él otras hierbas mejores que las que ahora se ven, respondió la vieja Lisabetta No El jardín lo cultiva con sus propias manos el señor Giacomo Rappacini, el famoso doctor, de quien supongo habrán oído hablar hasta en Nápoles. Dicen que destilan las plantas y prepara con ellas medicinas más fuertes que un ensalmo. A menudo verá usted trabajando al señor doctor, y quizá también a la señora, su hija, recogiendo esas flores tan raras que crecen en el jardín,> La señora había hecho ya todo lo posible por dar mejor aspecto a la habitación y se despidió, tras encomendar al joven a la protección de los santos. Giovanni no encontró mejor ocupación que quedarse mirando el jardín que había bajo la ventana- Su aspecto lo inclinaba a creerlo uno de esos jardines botánicos que se cultivaron en Padua antes que en otros lugares de Italia o del mundo. En el centro se veía la ruina de una fuente de mármol, esculpida con arte refinado pero tan destrozada que resultaba imposible adivinar el diseño original en el caso de fragmentos, si bien el agua seguía brotando y reluciendo al sol con la vivacidad de siempre.
sábado, 27 de febrero de 2016
SARA.
Sara había aprendido a leer ella sola cuando era muy pequeña, y le parecía lo más divertido del mundo.
Ha salido lista de verdad decía la abuela Rebeca. Yo no conozco a ninguna niña que haya hablado tan clarito como ella, antes de romper a andar. Debe ser un caso único.
Si, es lista- contestaba la señora Allende-, pero hace unas preguntas muy raras; vamos que no son normales en una niña de tres años.
¿ Por ejemplo que?
Que que es morirse, ya ve usted. Y que qué es la libertad. Y que es casarse. Una vecina mia dicie que a lo mejor habría que llevarla a un psiquiatra.
La abuela se reia.
¡ Déjate de psiquiatras ni de tonterías por el estilo!
A los niños lo que haya que hacer es contestarles a la pregunta, y si no lo quieres decir la verdad, porque a lo mejor no sabes tú misma lo que es la verdad, pues les cuentas un cuento que parezca verdad. Mándamela aquí , que yo en eso de lo que es casarse y lo que es la libertad la puedo espabilar mucho.
¡ Válgame Dios cuando hablará usted en serio, madre ¡ No sé a que edad va a sentar la cabeza.- Yo nunca, sentar la cabeza debe de ser aburrido. Por cierto haber si me mandas a Sara algún domingo, o la vamos a buscar nosotros, que Aurelio la quiere conocer.
Aurelio era un señor que por entonces vivía con la abuela. Pero Sara nunca lo llegó a ver, sabia que tenia una tienda de libros, y juguetes antiguos, cerca de la Catedral de San Juan el Divino, y a veces le mandaba algún regalo por medio de la señora Allen. Por ejemplo un libro con la historia de Robinson Crusoe al alcance de los niños, otro con el país de las Maravillas y otro de Caperucita roja-.
Don Miguel de Cervantes- Don Quijote de la Mancha- Capítulo XXXIV-
No corre por ti esa razón- respondió Leonela-, porque el amor, según he oído decir, unas veces vuela, y otras anda; con este corre y con aquel va despacio, a unos entibia y a otros abrasa; a unos hiere a otros mata; en un mesmo punto comienza la carrera de sus deseos, y en aquel mesmo punto la acaba y concluye, por la mañana suele poner el cerco a una fortaleza, y a la noche la tiene rendida, porque no hay fuerza que la resista. Y siendo asi. ¿ De que te espantas, o de qué temes, si lo mismo debe de haber acontecido a Lotario, habiendo tomado el amor por instrumento de rendirnos la ausencia de mi señor? Y era forzoso que en ella se concluyese lo que el amor tenía determinado, sin dar tiempo al tiempo para que Anselmo le tuviese de volver, y con su presencia quedase imperfecta la obra; porque el amor no tiene mejor ministro para ejecutar lo que desea que es la ocasión; de la ocasión se sirve en todos sus hechos, principalmente en los principios. Todo esto sé yo muy bien, más de experiencia que de oídas, y algún día te lo diré, señora; que yo también soy de carne, y de sangre moza. Cuanto más señora Camila, que no te entregaste ni diste tan luego, que primero no hubieses visto en los ojos, en los suspiros, en las razones y en las promesas y dádivas de Lotario toda su alma viendo en ella y en sus virtudes cuan digno era Lotario de ser amado.
HEINRICH BOLL (El pan de los años mozos)
Después cuando pasó el recibo con las horas de trabajo y los kilómetros recorridos, no suelen examinarlo muy a fondo, subo tranquilo a mi coche y ,e dirijo al siguiente domicilio alarmado.
Doce horas de trabajo, domingos incluidos, y, de vez en cuando una cita con Wolf Ulloa en el café Joos; los domingos, misa vespertina, a la que casi siempre llegaba tarde, y luego observaba con temor los movimientos del sacerdote, para saber si había empezado el ofertorio, un suspiro de alivio, si aún no lo había empezado, y luego me dejaba caer cansado en cualquier banco, a veces dormitando y sin despabilarme totalmente hasta que los acólitos tocaban la campanilla para la Consagración. Había momentos en que me odiaba a mi mismo, mi trabajo, mis manos.
Estaba cansado, ese lunes por la mañana. Aún tenía seis llamadas del domingo pendientes. Oí que mi patrona atendía al teléfono en el rellano y decía.
Si, le pasaré el encargo.
Me senté en las cama, fumé y pensé en mi padre.
Lo veía por la noche, recorriendo la ciudad para llevar la cartas al ferrocarril que pasaba por Knochra a las diez. Lo veía pasar por la plaza de la iglesia, frente a la casa de los Muller, por la estrecha avenida de árboles raquíticos; después para acortar el camino, abría el gran portal del gimnasio cruzaba el oscuro acceso al patio de la escuela, miraba hacia lo alto, hacia la fachada trasera, pintada de amarillo, para ver su clase de penúltimo curso, seguía junto al árbol del centro del patio, que apestaba a la orina del perro del portero; luego veía a mi padre abrir el pequeño portal, que cada mañana permanecía abierto desde las ocho menos cinco hasta las ocho para que entraran los alumnos que llegaban en tren y que, procedentes de la estación, situada enfrente, irrumpían en tromba mientras el portero permanecía junto al portal.
jueves, 25 de febrero de 2016
SARA
Sara había aprendido a leer ella sola cuando era muy pequeña, y le parecía lo más divertido del mundo.
Ha salido lista de verdad decía la abuela Rebeca. Yo no conozco a ninguna niña que haya hablado tan clarito como ella, antes de romper a andar. Debe ser un caso único.
Si, es lista- contestaba la señora Allende-, pero hace unas preguntas muy raras; vamos que no son normales en una niña de tres años.
¿ Por ejemplo que?
Que que es morirse, ya ve usted. Y que qué es la libertad. Y que es casarse. Una vecina mía dice que a lo mejor habría que llevarla a un psiquiatra.
La abuela se reía.
¡ Déjate de psiquiatras ni de tonterías por el estilo!
A los niños lo que haya que hacer es contestarles a la pregunta, y si no lo quieres decir la verdad, porque a lo mejor no sabes tú misma lo que es la verdad, pues les cuentas un cuento que parezca verdad. Mándamela aquí , que yo en eso de lo que es casarse y lo que es la libertad la puedo espabilar mucho.
¡ Válgame Dios cuando hablará usted en serio, madre ¡ No sé a que edad va a sentar la cabeza.- Yo nunca, sentar la cabeza debe de ser aburrido. Por cierto haber si me mandas a Sara algún domingo, o la vamos a buscar nosotros, que Aurelio la quiere conocer.
Aurelio era un señor que por entonces vivía con la abuela. Pero Sara nunca lo llegó a ver, sabia que tenia una tienda de libros, y juguetes antiguos, cerca de la Catedral de San Juan el Divino, y a veces le mandaba algún regalo por medio de la señora Allen. Por ejemplo un libro con la historia de Robinson Crusoe al alcance de los niños, otro con el país de las Maravillas y otro de Caperucita roja-
martes, 23 de febrero de 2016
El Ser es anterior a la existencia.
El Ser es anterior a la existencia. La existencia es forma, contenido, lo que ocurre . La existencia es el primer plano de la vida; el ser está, como si dijéramos en el fondo.
La enfermedad colectiva de la humanidad es que la gente está tan inmersa en lo que ocurre, tan hipnotizada por el mundo de las formas fluctuantes, tan absorta en el contenido de su vida, que ha olvidado la esencia de lo que hay más allá del contenido, más allá de la forma, más allá del pensamiento. Está tan preocupada por el tiempo que ha olvidad la eternidad, que es su origen, su hogar su destino. La eternidad viva de lo que eres.
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